jueves, 27 de marzo de 2008

Riviera Maya, Selva de Pirámides y Coral


Hacia mucho tiempo que tenía ganas de sumergirme en la naturaleza más virginal y agreste.

Alejarme algo de la roca y mezclarme de nuevo en el verdor más enérgico de la vegetación autóctona de la Selva Mexicana.
Para
realizar ese sueño subrepticio, viajé, junto a otros 8 compañeros, al corazón de la Selva Maya.

En plena Selva de Tulum (cueva de conejo, en lengua maya), en la península del Yucatán, un minúsculo caserío enredado en el verde de una naturaleza excesiva, ofrece, desde la musicalidad de su nombre, la más movilizadora experiencia que pueda tener un viajero abstraído por los ruidos del mundo civilizado.
Recomiendo firmemente, a osados y curiosos, una vivencia superlativa, de semejante calibre.

Sin duda esta zona es una verdadera puerta de entrada a la cultura maya, y cita obligada con los más importantes vestigios de un civilización extinguida que todavía nos embriaga.
Pirámides, templos y pinturas emergen en los primeros e intensos verdes de la selva.

Tulum es, junto a Naja y Metzabok, uno de los tres asentamientos lacandones (pueblos originarios de la región) que todavía conservan sus tradiciones milenarias.
Situada en el
filo de la biosfera de Montes Azules y marcada por su clima subtropical, es la principal comunidad Maya enclavada en una selva intacta.

El pequeño poblado, alineado en algo más de 300 metros de casas precarias, contrasta con nuestra dilapidadora rutina diaria.
Alzar la vista
y darse de bruces con un puñado de casas de frágil apariencia, pero satisfactoriamente confortables, curten el corazón más apático.
Esas minúsculas cabañ
as de techo de cáñamo y prácticamente sin paredes, ofrecen la oportunidad de tomar contacto cuerpo a cuerpo con una naturaleza palpitante y en pleno fervor.

Sin ir mas lejos, me viene a la memoria una sensación de máxima plenitud y sosiego, zozobrada en la quietud Maya exclusivamente turbada por el runruneo de los mosquitos que ansían la dulzura de una sangre extranjera copiosamente azucarada.
Era de noche y la parpadeante luz de una frágil vela, cobijada en un cascarón espiral humeante (escudo simple y efectivo contra los ataques de los mosquitos) me hizo sentir tan nimia e indefensa, que esa misma lasitud me llenaba de vida.
Cada albergue, virtualmente abrazado por la vegetación, recibe el rumor del río que moja eternamente los pies de palo de las cabañas.
Dos noches allí valen por mil noches de sonido y magia.

De entre la verde espesura llegan los ecos opacos del mono araña, los aullidos lejanos y gatunos de los saraguatos (otra especie de monos muy comunes), el graznido de algún pelícano o el imaginado color de un tucán.
De día, es posible avistar loros y escuchar el trino a coro de los chachalacas.

En el río, apestado de insectos, se puede admirar la belleza de garzas, tortugas y cigüeñas.
Y, buscando refugio entre el ramaje, esperando
la llegada de la noche, aguardan los cocodrilos: silenciosos, indiferentes e impávidos.

Los Mayas, además de idolatrar a la diosa naturaleza, veneraban a otras deidades, reclutadas en templos ahora en destrucción.
Tulum, situada sobre un promontorio a la orilla del Mar Caribe, fue llamada la ciudad de Zama en la antigüedad para referirse a la muralla que la rodeó, constituyéndola en un importante fuerte para su defensa.
Por los numerosos registros en murales y otros trabajos encontrados en los edificios de la ciudad, se tiene considerado que Tulum fue un importante centro de culto para el llamado "dios descendente o dios de la muerte.
Para disfrutar de sus ruinas enteramente, es necesario disponer de un día para ir y regresar, navegando en una quebradiza lancha por una serpiente de agua en medio de la bruma.
Sin duda, es uno de los sitio
s arqueológicos más sorprendentes de Yucatán, cuyas bases están hoy virtualmente tomadas por la selva.


Desde Quintana Roo, montados en unos jeeps bastante inestables, zarandeamos la anatomía mexicana durante unas horas siguiendo una huella angosta y barrosa que parece que va a ser tragada en cualquier momento por la voracidad de la selva.
Allí nos acercar
on a unos paredones abarrotados de nobles muros, donde se conservan intactas pinturas realizadas en tiempos inmemoriales (estimativamente hacia el año 790).

Estos bosquejos narran la historia de la última dinastía maya de la zona y, llamativamente, han soportado el embate de siglos de lluvias incesantes.

Mi tercera propuesta, para los fanáticos de la naturaleza es su estado más agreste, es realizar caminatas por la selva, reconocer la gran variedad de frutos con los que se alimentan los nativos y las hierbas usadas como medicinas.
La riqueza silvícola es una de las fuentes de ingreso del estado, ya que la entidad produce maderas preciosas de óptima calidad como son: Cedro rojo, Primavera, Palo de rosa o Roble; estas especies constituyen dos terceras partes de la superficie arbolada del estado.
De las especies no maderables, la más importante es el Chicoz
apote, árbol del que se extrae la resina para fabricar el chicle, el cual es exportado en su totalidad. Pero no nos confundamos, ese chicle no se masca; es la base de una especie de cemento natural, usado para la fijación de las piedras.

Al final de estas caminatas siempre irrumpe alguna cascada que parece salida de un sueño o algún cenote (río subterráneo).
Bañarse en esas aguas acunadas por un coro de pájaros inverosímiles o saltar al vacío de un líquido cristalino subyacente, es un placer difícilmente narrable.
Este paraíso, no obstante, tiene sus pequeños purgatorios. Los mosquitos trabajan a des
tajo, por lo que el repelente (Relex) es un artículo de primera necesidad.


El calor (30 grados a la sombra) y la humedad (de casi un 90%) son intensos y permanentes.
Las lluvias son recurrentes e inevitables, y se debe
ir precavido de su gran intensidad (la cortina de agua que genera una lluvia torrencial, puede ser peligrosa dependiendo de donde nos encontremos).
Y, obviamente, a pesar de las cristalinas aguas tan a mano, conviene siempre andar con una botella de agua envasada para saciar una sed, a menudo, descontrolada. Nunca deberemos beber agua de una fuente natural o surtidor no seguro.


Más allá de estos detalles, un mortal sensible merece regalarse varios días en este paraíso, aunque sea una vez en la vida.

Y desde ese sueño tropical, pasamos a la aventura entre arrecifes.
Los más partidarios del agua salada no debéis desperdiciar la oportunidad de conocer uno de los más bellos parajes coralinos de Riviera: La Isla Mujeres.

Hace algunos siglos los Mayas declararon a Isla Mujeres como un lugar sagrado para adorar a la diosa Ixchel (diosa de la fertilidad).
Es emocionante la aventura que uno experimenta ayudado del esnorquel adentrado en los arrecifes de Cancún, en el Caribe mexicano.

Una pequeña barca a motor os acercará a este paraíso de caletas, bahías, manglares y fauna y flora autóctona para descansar a la orilla del mar, en unas confortables hamacas bajo las palmas, rodeados de una arena blanca y sedosa.

Ubicada frente a las costas de Cancún, este pequeño islote, posee, además una gran cantidad de Parques Naturales, restaurantes de especialidades regionales, bares donde escuchar la trova y los ritmos isleños, clubes de playa, shows del caribe, nado con delfines, granja de tortugas y un sinfín de cosas por descubrir.
Más que recomendable para descansar del ajetreado mundo selvático.

Si todavía no os habéis cansado de agua y sal y sobretodo para los que vayáis con niños y os de cierto apuro adentraros sin control en la selva maya, Xel Há (importante puerto mercantil en la antigüedad) es un parque ecológico y reserva natural que posee el acuario natural más increíble y mágico de México.
Alberga lo mejor de la natur
aleza del Caribe Mexicano por lo que podréis admirar la vasta variedad de flora y fauna de la región así como empezar a conocer la excelsa cultura maya desde sus orígenes.


En esta misma línea encontramos la reserva natural de Sian Ka’an (Puerta del Cielo en Maya).
El principal atractivo de Sian Ka’an es la p
lanicie de su relieve y las características de su superficie, constituida principalmente por piedra caliza; un tipo de roca que impide la formación de corrientes superficiales de agua y favorece el afloramiento de esos pozos subterráneos ya mencionados, conocidos como cenotes (dolinas cársticas o calcáreas escondidas en algunas cavernas muy profundas, y producto del derrumbe del techo de una o varias cuevas).
Ahí se juntan las ag
uas subterráneas, formando un estanque más o menos profundo y perfecto para los fanáticos del barranquismo o el “salto al vacío”. Existen varios tipos de cenotes: A cielo abierto, semiabiertos y subterráneos o en gruta.
En los que está permitido acceder, suele ser necesario pagar para ello (para contribuir a su conservación y cuidado).

Frente a la costa de Sian Ka'an, en medio del Mar Caribe, se ubica el segundo complejo de arrecifes coralinos más amplio en su tipo (más de 300 especies diferentes, muchas de ellas en peligro de extinción), después de la Gran Barrera de Arrecifes de Australia.
Fletar una pequeña barca en el puerto y acercarse a semejante paraíso es, sin duda, otra de las excursiones que vale la pena pagar.
Allí, encontraréis una gran cantidad de peces (más de 1500 especies distintas) y más de 2000 especies de moluscos.
También es posible encontrar en la barrera, tiburones gato y delfines en su hábitat natural, ballenas (si es la
época) y multitud de tortugas gigantes.

Si el mundo de los cenotes os ha picado la curiosidad, recomiendo destinar otro de los días a Aktun chen (cueva con cenote en su interior en maya).
Este rincón, ubicado a unos
100 km. de Cancún, poco antes de las ruinas de Tulum, es un parque de una extensión de más de 300 Has. de selva tropical virgen, en la cual, únicamente, se ha explotado el chicle del árbol o chicozapote (antes mencionado).
La zona goza de tres cenotes en su interior.

Una de las cuevas se ha iluminado con luz indirecta para una mejor observación de las miles de las estalactitas, estalagmitas y esculturas naturales hechas por el agua y el carbonato de calcio a través de los cinco millones de años.

Pero no sólo de agua y helecho vive México.
Si nuestra afición es la cultura, seria imperdonable no acercarnos a ver una de las siete maravillas del mundo: Chichén Itzá, vestigio de una de las civilizaciones prehispánicas más importantes y reciente patrimonio de la humanidad.

Su nombre significa en maya Chich'en (Orilla del pozo) e Itzá (Brujo de agua) y, a pesar de no ser una de las pirámides más altas de la zona es, indudablemente escultural.
Precisamente, para conservar intacta esa hermosura, no dejan subir al monumento. Así que tendréis que conformaros con admirarla desde abajo.

Los monumentales edificios de la Gran Explanada de Chichen Itza están presididos por la Pirámide de Kukulcán, uno de los edificios más altos y notables de la arquitectura maya.
Este es un edificio de cuatro lados que culmina en un templo rectangular.
Se asienta sobre una plataforma rectangular y tiene una altura de más de 20 metros.

Cada lado de la pirámide tiene una gran escalinata que conduce al templo superior. Balaustradas de piedra flanquean cada escalera, y en la base de la escalinata norte se asientan dos colosales cabezas de serpientes emplumadas, efigies del dios Kukulcán.

En la base de las pirámides hayamos los campos de juego de pelota maya y los pilares de piedra esculpida, otro de los muchos atractivos de la zona.

Pero si como nosotros os quedaseis con las ganas de avistar la selva desde las alturas, os recomiendo acercaros a los yacimientos arqueológicos de Cobá (Aguas Turbias en maya).
Estos, emplazados cerca de Tulum, conglomeran cerca de 45 caminos o calzadas, conocidos con el nombre de sacbé (camino blanco), que relacionaban la cuidad con otros sitios como Yaxun (100 Kilómetros) e Ixil (19 kilómetros), estimándose q
ue cumplían una función ceremonial mas que económica.
Casi a la entrada del yacimiento arqueológico se encuentra la construcción conocida como "la iglesia", que contiene numerosas figuras y símbolos tradicionales.
En este recinto también puede verse el conjunto dedicado al juego de pelota, en el que es posible observar los dos "arcos" situados en los extremos de planos inclinados.
Por la presencia de calaveras talladas en la base del monumento, se infiere el sentido ritual del juegos practicado por los mayas.

Tomando uno de esos blancos caminos alcanzaremos la pirámide de Nohoch Mul (colina grande), que con sus 42 metros de altura es la más alta de la Península de Yucatán y desde cuya cima (sí, a esta se puede subir) se pueden ver las construcciones de piedra emergentes de entre la selva y las numerosas estelas naturales que registran los acontecimientos de importancia para la época en que fueron hechas.

Me es imposible narrar todo lo vivido en estos diez días de espejismo.
Esta Biblia turística, aparentemente eterna, me resulta nimia en su saciedad.
Pero, puesto que no escribo para mi sino para los demás, no me parece justo alargar en exceso semejante sermón.

Bosques, selva, flora y fauna, sitios arqueológicos, playas vírgenes y cristalinas, aguas azul turquesa que se tornan plateadas con la luz de la luna, fantasía y calidez del tropical...
Estas son solo algunas de las cualidades que han de mi viaje una quimera.
Un ensueño digno de vivir, por lo menos, una vez en la vida.

Datos de interés:

Moneda:
La moneda oficial es el Peso Mexicano. Un euro equivale a 15 pesos mexicanos aproximadamente, variando de acuerdo a las fluctuaciones del mercado cambiario.

Clima:
El clima allí es semitropical, siendo la temperatura promedio anual de entre 28 grados centígrados y a 36 grados centígrados.
Las precipitaciones medias anuales, abundantes, son en promedio, de 1400 mm.
Las temperaturas y lluvias más altas se registran entre los meses de abril y mayo, y de Septiembre a Enero.
Durante el día el clima es caluroso y húmedo, por lo que la ropa recomendada es ligera y transpirable.
Para las incursiones en la selva se recomienda usar pantalones, camisas de manga larga y zapatos o zapatillas cómodas, y utilizar (siempre) repelente para mosquitos.
Al llegar la noche la temperatura desciende y se sugiere un suéter liviano o una campera ligera.

Transporte:
El aeropuerto internacional de Cancún, a dos horas de vuelo desde México, D.F. es la principal puerta de acceso a la Riviera Maya.
La carretera costera que une a la cuidad Cancún con Tulum, y otra que vincula las ciudades de Tulum y Cobá son las principales vías de comunicación terrestre.
Playa del Carmen cuenta con un pequeño aeropuerto del cual parten aviones que hacen recorridos cortos. Desde Playa del Carmen y Calica salen transbordadores, taxis y autobuses que vinculan al continente con las islas del caribe.

La Van
es también una buena opción si, como nosotros, se opta ir por libre.

Comunicaciones:
En toda la Riviera Maya existen casetas telefónicas para hablar con tarjeta, brindando servicio local e internacional.
También hay oficinas de correos con servicios de telegrama y CiberCafés, para estar en contacto con el mundo entero.

Electricidad:
La corriente eléctrica es de 110 volts, igual que en todo el territorio mexicano. Por tanto si necesitáis cargar el móvil, la cámara o cualquier otro aparato eléctrico necesitaréis un adaptador.
Lo venden en los tenderetes del pueblo a unos 3 euros.

Requerimientos para entrar al país:
Es imprescindible el pasaporte validado con fotografía.
Para poder salir del país hay que pagar las tasas de aduana: 560 pesos (unos 35 euros).

miércoles, 27 de febrero de 2008

Vadiello: Crónica de una escuela olvidada

Si como a nosotros la vida os acercáis a Vadiello, gozaréis de una vista privilegiada producto de la mezcolanza de rojas agujas y altos macizos de conglomerado y caliza.

Su aspecto es muy peculiar. Abundan las paredes verticales o redondeadas, a la vez que salpicadas de abrigos y pequeñas cavidades.
Esas grandes masas o Mallos, recuerdan en muchas ocasiones al paisa
je de grandes paredones de su vecina Riglos.

Este excelso lugar situado al sur del Tozal de Guara es, sin duda, uno de los pocos lugares peninsulares que aún conserva el entrañable bálsamo de las viejas escuelas escaladoras.
Vadiello, en definitiva, es una zona tradicional de escalada en la que conviven harmónicamente las vías clásicas y las deportivas.
Una escalada difícil, sobre un fino y
atlético conglomerado calcáreo de pequeños e inestables bolos, ideal para arrinconar por unos días, el estresante mundo cotidiano.

Acceder a Vadiello no es difícil. Para ello hay que tomar la carretera N-240 Huesca-Barbastro-Lérida y estar atentos ya que, a unos 8 km de Huesca, deberemos tomar el desvío que indica Loporzano.
Siguiendo esa misma carre
terita de montaña (la que conduce al Pantano de Vadiello), a unos 14 km, entraremos en Vadiello y con él a los diversos sectores de escalada, todos ellos sembrados a ambos lados de la carretera y alrededor del pantano.

Cuando los dos llegamos a Vadiello, estábamos condicionados por la falta de tiempo y el exceso de virus patógenos (una servidora no toma tantas naranjas como el compadre y pilló una de esas molestas y mocosas gripes de temporada).
El desconocimiento de la zona y el malestar corporal nos reestructuró el fin de semana, optando por dedicar buena parte del tiempo disponible a inspeccionar la zona y tantear la escuela.

Nuestra primera rueda de reconocimiento nos llevó a la Pared de Entrenamiento (número 10 en el plano general de sectores).
Ésta es una zona de múltiples sectores y un sinfín de vías y grados.

Para alcanzar susodicha, deberemos seguir la carretera hasta pasar el refugio. Después de una curva algo pronunciada, encontraremos un parking con un letrero que anuncia nuestro destino.
Sobre el mismo parking encontraremos el Sector La
vadero Derecha.
Por grado y comodidad, decidimos acercarnos al Sector Lavadero, una zona dónde abundan los sextos y cuya aproximación es, prácticamente nula (con la edad aumenta el pragmatismo y la holgazanería).

Pero, desgraciadamente, nos encontramos con un pie de vía desamparado, lleno de arbustos y vegetación y, aunque suficientemente equipado (Spits y Parabols), con unas chapas tan añejas como la propia pared.
Resultaba bastante molesto asegurar entre zarzas, así que caminamos algo más y nos dirigimos al Sector de la Suerte Negra, bastante más adentrado en el camino.
Necesitaría varios posts del tamaño del propio (que no es poco) para detallar la cantidad de vueltas y rodeos que dimos para, finalmente, no alcanzar el mencionado sector.

En nuestra infructuosa búsqueda dimos con los Sectores Negu Gorriak y Excalibur (en parecidas circunstancias al Lavadero) y con el Sector Aoxomoxoa (bastante más poluto, pero de vías excesivamente cortas y de muy alto grado (séptimos); las únicas más o menos viables estaban en la parte superior y no tenían demasiado buen acceso).
Del Sector de la Suerte Negra ni rastro.
Finalmente dedujimos que se encontraba justo detrás de la Canal del Palomo y que para poder arribar a él era necesario cruzarla.
Aunque estuviésemos suficientemente motivados
como para afrontar semejante peregrinación (que no era el caso), el periplo hubiera sido en vano: En esta época y hasta Junio, está prohibido escalar por temas de nidificación (prohibido escalar del 1 de Diciembre al 30 de Junio).
Así pues, opta
mos por regresar a la furgoneta e ir a otro lugar.
Por cierto, si veis un río con piedrecillas llenas de musgo
que os llaman con salmos celestiales cual sirenas en la mar, no crucéis.
El resultado será an
álogo al de una pobre servidora: Unas Merrel encharcadas y todo un día andando con los pies de gato. O creé moda, o me los cargué. Una de dos.

En fin... a lo que iba. Nuestro destino fue La Pared del Muerto (número 4 en el plano general de sectores); una franja al lado del segundo túnel que atraviesa la carretera (se asegura desde la misma calzada).
Este sector combina vías muy cortitas y de peligroso acceso (justo debajo del túnel) con otras más largas y apetitosas al lado del mismo.
En conjunto unas 17 vías; algunas de ellas presentes en las reseñas y otras que no coinciden con las mismas.

La Pared del Muerto:

Pistolas con amor (14): 6a+. Es una vía de aproximadamente 20 metros y de cierta continuidad. Tiene una salida bastante dura y divergente al grado.
Coñan
(12): 6c. Vía de continuidad con un paso algo duro y aislado en la parte final.
Jon Mantekas
(11): 6c. Similar a la anterior. También de bastante continuidad y con un paso extraño antes de la reunión.
Papirus para el porrus
: 6c+. Vía de finas regletas y cierta continuidad. Su recorrido zigzaguea bastante y tiende a lateralizarse.

El domingo decidimos testar la Pared de la Momia (número 16 en el plano general de sectores) y, concretamente, el Sector Diarrea Mental.
El acceso a esta zona es sencillo. Deberemos seguir la carretera que delimita los sectores hasta llegar a la presa.
Cuando no podamos avanzar más con nuestro
vehículo, deberemos seguir a pie por el camino más evidente (cruzando un tramo de puente derrumbado).
Las vías de este sector se encuentran a la izquier
da.

La Momia: Sector Diarrea Mental:

Yo no me llamo Javier (1): 5. Vía sencilla. La única posible dificultad radica en la separación entre las chapas en la parte superior de la misma. El grado es facilón pero no hay que despistarse.
Caprichos de Invierno
(2): 5+. Entrada desproporcionada al grado de la vía y no demasiado segura teniendo en cuenta que la chapa está justo después de una panza difícilmente chapable desde abajo. El resto de vía muy sencilla.
Treparriscos
(3): 6a. Más de lo mismo que la anterior. La vía muy viable pero la entrada desmedida respecto al grado. Una entrada demasiado bloquera. Atención a algunos bolos que se desprenden. Es recomendable chapar desde abajo la primera.
Estas tres vías son las más largas del sector (siendo
relativamente cortas, no obstante).
Los cuatro fantasmas
(5): 6a. Vía bonita y disfrutona si se logra superar la entrada bloquera y algo desplomada. Tiene un paso algo fino en la parte superior que hay que pasar con cuidado porque las chapas alejan.
Emanaciones lisérgicas
(9): 6b+. Vía fina y regletera. De grado más adecuado a su dificultad. Atención a las pequeñas piedras que caen.

Como hemos comentado en un principio, Vadiello es un lugar placenteramente tranquilo y apacible.
Rodeado de naturaleza y silencio, Vadiello es el destino perfecto para cualquier escapada en busca de paz.

Pero la serenidad mental no da cafeína por la mañana ni panceta por la noche. Y no suele ser compatible con las acampadas furgoneteras de los freakis escaladores.
Por tanto, tan
to si vais con la furgo como si buscáis un hostal asequible dónde pasar las noches, recomendamos que os acerquéis hasta el Hotel MonteAragón, a unos 16 km de Vadiello (Carretera Nacional 240, Km.206, 22191, 1 km antes de Huesca).
Los que optéis por la furgona, tenéis una campa de tierra bastante retraída a la derecha del mismo hotel, ideal para pasar la noche (atención a los charcos y el lodo).
El coche durante el día lo podréis dejar en el parking del hotel (no hace falta que estéis alojados en él ya que no dicen nada al respecto).
Los que prefiráis pasar la noche en cama, podréis conseguir una habitación doble por 40 euros aproximadamente.
En este mismo parador sirve
n menús de mediodía por 10 euros y bocadillos y platos combinados a precios muy asequibles.

PD: ¡Gracias Irán por las Reseñas!

jueves, 14 de febrero de 2008

Castell de Burriac

Esta mañana me apetecía caminar un poco y tras convencer a Yuka (bendito animal) hemos decidido acercarnos a Cabrera para visitar el Castell de Burriac.

A pesar de la lluvia hemos gozado de una caminata facilona por la naturaleza del Maresme.

El Castell de Burriac, como su nombre indica, fue un antiguo castillo feudal documentado en el año 1017, fecha en que la condesa Ermessenda se lo entregó a su hijo Berenguer Ramón I. El castillo perteneció a los condes de Barcelona aunque hay vestigios que afirman que existió mucho antes como torre de defensa.
D
esde 1931 es propiedad del municipio de Cabrera de Mar, quien lo adquirió de los descendientes de la familia Desbosc.
Su visita permite ver los restos de la que fuera capilla de Sant Vicenç, abierta al culto hasta el año 1836 y una torre circular.

En definitiva, Burriac y su castillo, es un muy buen mirador de la costa del Maresme y de las tierras del interior, que abarca el Montnegre, el Montseny y los peñascos de Bertí y una excelente ruta para ir con los peques o en familia.

Los que como yo queráis hacer esta breve excursión, debéis dirigiros a Cabrera de Mar, población situada a pocos kilómetros de Mataró.
Desde Barcelona se accede por la C-32 salida-10, Vilassar de Mar Cabrera de Mar incorporándose a la B-502 . Y desde Girona por la A7, salida enlace autovía de Mataró C-60.
Una vez en Cabrera, hay que
tomar la rambla del manantial de
la Font Picant y a partir de este punto subir a pie siguiendo el camino de tierra hasta la cumbre (401 m. sobre el nivel del mar).
El itine
rario propiamente dicho empieza en la plaza que hay al lado de la iglesia.
Otra posibilidad es utilizar la red de trenes de cercanías, con servicio cada 10 minutos, bajando en la estación de Vilassar de Mar, complementando la ruta por los in
vernaderos del Maresme.
Hay que andar 5 minutos hasta el Ayuntamiento, delante de la playa y la carretera N-II. Desde aquí se va a Cabrera evitando la carretera.

Intentaré explicar la ruta lo más específicamente posible:
Situándonos en la plaza de la Iglesia, debemos tomar la calle de Sant Joan hasta la Avinguda Eduard Farrés (28 m, 0.6 km).
Pasaremos por el arroyo de Cintet (26 m, 0
.9 km) y al llegar al campo de fútbol (22 m, 1.1 km) giraremos a la izquierda y después a la derecha para ir a su extremo opuesto, donde, a la izquierda, sale un camino entre invernaderos hasta el arroyo de Cintet (44 metros, 2 km, 30 minutos).
Para no tener que dar la vuelta en el cementerio, es recomedable subir unos 100 metros por el arroyo hasta ver un puente y subir por el pequeño muro de la canalización de la derecha saliendo al lado de una gas
olinera.
En este punto deberemos seguir recto hasta el Camí del Mig (2.2 km, 52 metros) dirigiéndonos hacia la Deixalleria (3 km, 40 metros). Justo al pasarla,
a la izquierda, sale una calle muy empinada que pasa por encima de la Autopista A-17. Seguiremos recto hasta la urbanización del Mont Cabrer, con chalets a la izquierda y un enrejado verde a la derecha.
La calle gira a la izquierda y enseguida a la derecha en un cruce (3.7 km), aquí se ha de girar a la derecha, entre los pinos, para coger un sendero que vuelve por encima del enrejado mencionado, hacia el este, y que acaba transformándose en una pista que lleva a Cabrera.
Una vez en su ribera (4.8 km, 90 m),
se gira a la derecha, arroyo abajo, y a los treinta metros se deja girando a la izquierda por una callejuela que sube a la iglesia de Cabrera (106 m).
En la iglesia de Cabrera debemos tomar el Carrer de Sant Joan; poco después de seguir por esta calle podremos distinguir el castillo de Sant Vicenç de Burriac que, desde la cima de la montaña, preside el
horizonte.
Después de pasar por Can Orriols (126 m, 0.25 km desde la iglesia) hay que girar a la izquierda y coger el camino de Can Segarra que baja al arroyo de Cabrera.
A los 7 minutos desde la salida, llegamos al arroyo con una fuente debajo a la izquierda (108 m, 0.4 km. Se continúa el camino por la pista que sube.
Después de casi media hora, se alcanza l
a Font Picant (fuente) (204 m, 15 km), hoy abandonada.
Por la derecha surge un camino que sube hacia el castillo.
A unos 150 metros más arriba, se deja un aparcamiento a la izquierda y se encuentra una pequeña cerca que debemos dejar atrás y, a unos 100 metros después, se abre un desvío que coge la pista de la derecha para continuar subiendo la montaña.
U
na vez aquí, habremos llegado a un pequeño puerto (305 m, 2.2 km). A los tres cuartos de hora, se encuentra otro pequeño puerto (332 m, 2.4 km) con un pequeño pilar recordatorio.
Al llegar a este punto no se debe coger el camino de la izquierda que desciende hacia Argentona, sino el que sube recto, hacia la derecha, por la vertiente oeste montaña arriba hasta el castillo, con un último tramo de subida muy fuerte.
Un poco antes de cumplirse la hora, llegareis a la puerta del castillo de Sant Vicenç de Burriac (2.7 km, 388 m), punt
o final de la excursión.


Para bajar se sale de la puerta de entrada y en lugar de ir a la derecha por donde se ha subido, se sigue a la izquierda, hacia el mar, rodeando el castillo y bajando unas escaleras que llevan a la pista principal de acceso al castillo, muy erosionada. Esta pista sigue rodeando el castillo, con una fuerte bajada. A unos 400 metros se llega otra vez a 25 metros del último puerto (332 m, 3.1 km) que se ha encontrado al subir.
No hace falta coger la pista por la c
ual se ha subido, en dirección de Cabrera, ni bajar a la derecha hacia Argentona.
Simplemente hay que cruzar la pista para coger un sendero entre la vegetación de la umbría y el bosque.
A unos 200 metros más abajo, alcanzareis el puerto inferior (305 m, 3.3 km), desde donde se sigue el mismo trayecto de subida por la Font Picant y hasta la iglesia de Cabrera (5.5 km, 1 h 40 min) o el Ayuntamiento de Vilassar (15.5 km, 4 h 10 min).

Distancia total de ida y vuelta: 11 km aprox.
Desnivel:
Unos 300 m.
Duración:
1 h 40 minutos aproximadamente a ritmo lento de paseo.


martes, 12 de febrero de 2008

Margalef, Can Torxa y Can Llepafils

Este fin de semana, con motivo del Rocostage, hemos estado picoteando roca por Tarragona, concretamente en Margalef.

Margalef es un pequeño pueblo situado en el noreste de la comarca del Priorat (Tarragona – Cataluña), en contacto con la Ribera d'Ebre y las Garrigas.

Se accede a él por la comarcal Reus-Fraga: en el Coll de la Creueta, entre Ulldemolins y Bellaguarda, donde empieza la carretera local T-713 que conduce hasta dicha localidad.

También se puede acceder por la Nacional 420 desde Falset, por la carretera que va de la Vilella Baixa hacia Cabacés, y continuando después de llegar a la Bisbal de Falset.

Desde Mora d'Ebre se puede llegar por Vinebre, la Torre de l'Espanyol y la Bisbal de Falset.

Una vez en el pueblo, se puede dormir en la fonda Els Tres Pins (que también es bar y restaurante) o en el refugio situado en la parte superior del pueblo y dónde proporcionan reseñas de la zona (Tel. 977 81 90 08 - 677 611 098).

Para comer o tomar las merecidas cervezas de después del encadene, está el bar Cal Vernet, situado en la Plaza de la Iglesia.

Por todo el término existen además numerosos y bonitos lugares para acampar como el descampado (merendero) cercano a la presa.

Por su situación de retiro natural, en todo el pueblo hay cierta escasez de cobertura telefónica, sobretodo los proveedores Orange y Movistar.

Margalef, desde el punto de vista escalador, es una zona con una gran cantidad de vías y grados (aproximadamente unos 30 sectores no demasiado distantes los unos de los otros y con unas aproximaciones, en general, bastante discretas).

El nombre del pueblo, probablemente de origen árabe, se inspira en las grandes cantidades de conglomerados de Marga que hay por los alrededores del pueblo.

Un conglomerado-calcáreo agujereado, dónde abundan los bidedos y conviven las placas tumbadas con las verticales, los desplomes o los techos. Un tipo de escalada no demasiado apto para yemas sensibles.

Independientemente del sector escogido, la marca del grado suele estar concentrada en la entrada, por tanto, no está de más meter en la mochila algo de equipaje de artifo, como un estribo o algunos aliens, porque algunas entradas son verdaderamente inhumanas.

Nosotros estuvimos, concretamente en los sectores de Can Torxa y Can Llepafils.



Can Torxa se caracteriza por ser una zona de vías de entre 20 y 25 metros y soleadas, por tanto, ideal para el invierno.

  1. Follet Tortuga: V+ à Vía de continuidad y de bastante fácil realización.
  2. Juli vert: 6a+ à Vía muy bonita y agradecida, una vez pasas la salida mortal de bloque (que a mi me chaparon de antemano, cediéndome además un hombro como escalera).
  3. L'escorpí: 6a. El único 6a que me pareció bastante fácil y viable desde el principio (sin esos pasos bloqueros que te fastidian encadenar la vía desde la base).
  4. Somiatruites: 6b+ à Esta la hizo Eneko así que no puedo hablar demasiado pero creo que requería bastante aguante y tenía un paso raro al final.
  5. Freekando: 6b+ à Paso raro al principio y antes de la penúltima chapa. Yo no la acabé pero Eneko se lo sacó por la derecha.
  6. Free pendo: 6c à Esta ni la probé. A Eneko le pareció bastante más dura de lo que ponía la reseña. El paso difícil estaba antes de la última chapa. De bastante continuidad (ahora está graduada con 6c, en la foto pone 6b+).

Can Llepafils es un sector en general bastante fácil, donde abundan vías de IV y V, pero también podemos encontrar algunos VI bastante suculentos (sobretodo por su entrada).

  1. Pampa Mix: V à Accesible. De cierta continuidad.
  2. Sexi Movie: 6a à Vía bastante fácil a no ser por tener una entrada algo peleona.
  3. Bombarda:à La vía la encontré muy fácil, la entrada desproporcionada al grado.
  4. Les mosques també dormen: 6a+ à Entrada muy dura. La vía viable.
  5. Avi que no has vist Livingston: 6b à Entrada durísima y desesperante. Es en este sector donde más recomendamos llevar el material de artifo.